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How Los que tejen la niebla eBook began

How Los que tejen la niebla eBook began

Cuando empecé a escribir Los que tejen la niebla, no tenía entre manos una novela. Tenía un puñado de documentos antiguos, hojas de servicio de mis bisabuelos y abuelos, papeles amarillentos que hablaban de destinos militares, de campañas, de heridas y de regresos. Eran datos fríos, sellos, fechas. Pero detrás de cada línea había una vida. Y yo quise saber.

A partir de esas hojas de servicio empecé a investigar. Me sumergí en las batallas de Cuba, en los nombres de los combates, en las fechas exactas, en los lugares donde mis antepasados habían estado. Descubrí que la historia de mi familia estaba entrelazada con la Historia con mayúsculas: la guerra de Cuba, Filipinas, la Guerra Civil, la posguerra, la represión, la supervivencia. Cuanto más indagaba, más me daba cuenta de que aquellos documentos no solo contaban lo que hicieron, sino también lo que callaron.

Pero la memoria tiene huecos. Y ahí, precisamente ahí, entró la ficción. Inventé sucesos nuevos, diálogos, personajes que completan el mosaico. No para traicionar la verdad, sino para darle carne y aliento. Por eso la novela tiene tanto detalle: porque cada fecha, cada batalla, cada escenario histórico es real; pero los sentimientos, los miedos, las alegrías y las contradicciones de quienes los vivieron son mi manera de devolverles la voz.

Los que tejen la niebla es una saga familiar que abarca 116 años, de 1873 a 1989. Es la historia de los Galé, de los Mariño, de los Barro, de los Ugarte. Es la historia de hombres y mujeres que tejieron su propia niebla para sobrevivir al olvido. Y es, también, mi propia historia: la de un nieto que quiso rescatar del silencio a sus bisabuelos y abuelos.

Hoy, cuando miro este libro, no veo solo páginas. Veo las hojas de servicio que me sirvieron de brújula. Veo las tardes de archivo, las conversaciones con familiares, los viajes a los lugares donde ellos estuvieron. Y veo, sobre todo, la certeza de que la verdadera herencia no es la sangre, sino las historias que decidimos contar.

Gracias por leerlas conmigo. Y ahora, si me lo permiten, les invito a entrar en la niebla.

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